DÍA +35
Terminaron los Juegos Olímpicos, terminaron y tengo la sensación de haberlos visto apenas por la tele, también desde aquí. Las restricciones por Covid no han posibilitado el acceso a los eventos de forma más continuada. Ahora estoy de vacaciones. La primera noche me desperté en medio de un ataque de ansiedad que he paliado con sentadillas, divertido verlo desde aquí, cansarme, cambiar el ritmo del corazón para conciliar el sueño. Creo que se me da mal acabar por corte las actividades frenéticas, soy más de irme por fundido, suavemente, mi cerebro estaba demasiado acelerado todavía.
Estos dias he podido visitar no sin el cosquilleo del sudor deslizándose por la frente, eso que pensaba que era un mosquito la primera vez pero no, era una gota, una perla de mi exudación, un mililitro menos en mi proxima micción. A la palabra exudación le pega tener una h entre la x y la u, ¿no te parece?
He visto la playa, el ambiente de la playa, a las parejas en la playa, jovencitos que disfrutan de lo mismo que nosotros, de paseos en tren turísitico, de helados, de paseos, comida, otro tipo de personas, también un grandísimo buda en lo alto de una colina, una torre de telecomunicaciones-barra-faro con mirador que creíamos convencidos por su forma, de monte-volcán, era el Fuji. No todos los montes a lo lejos son el Fuji. Ni cada túnel de carretera Malmasín, ni cada avión en el cielo llevaba a nuestro padre al que decíamos adios (?), ni cada armario con la puerta entre abierta en la oscuridad traía consigo al Coco, como los mitos recién impuestos por la lógica de un niño, creimos ver el Fuji.
Hoy he ido al IBC, al centro de operaciones donde trabajamos, a por la nueva acreditación para las Paraolimpiadas, no he sido capaz de conseguir la nueva tarjeta de transporte que nos proveen para este tiempo hasta el final del resto de juegos, cerraban toda la semana. He conseguido que una amabilisima mujer me escribiera sin pedirlo un papel donde decir: necesito el recibo del ticket, por favor. Gracias. Por escrito, como recuerdo es maravilloso. De su puño y letra, papel vainilla de libreta de bolsillo. Todo un fetiche para mis sentidos así que animada me he acercado a la estación de Kokusai a conseguir una tarjeta de transporte publico recargable y su recibo.
La escena es la siguiente: una garita acristalada junto a los tornos, un hombre con brazalete de personal de estacion clásico: camisa azulada, brazalete rojigualdo, sí, parece el madrid del barrio de Salamanca, pantalón azul marino pale, mascarilla. Entro. Pregunto por la Pasmo card, Juan me ha dicho que esa es la que utilizan como recargable. No me entiende. Vienen un segundo operario de estación, alto y un tercero un poco mas redondito. Me dicen que por favor les explique qué quiero. Quiero viajar por Tokio, ir a todos los sitios: I need a transport card to go aroud Tokio. En algun momento su traductor, al que hablo entiende: To go with Twins, with friends*... Les digo que lo intento con el mío. Es más facil español japonés que mi inglés de aquí y de allá. Mientras busco me preguntan que si busco a mis amigos, que a donde quiero ir, creo que les he despertado más ternura de la que ellos son capaces de percibir. Es mutua. Me dicen que me ponga al telefono, uno gris colgado al otro lado de la puertita rodillera con cartel de no pasar, supongo por los colores de las pegatinas. Pregunto antes, la educación, hermanos y hermanas se contagia. Al otro lado una voz estandar de mujer joven, similar a todas, flojita y aguda a la vez, un poco aniñada, como generalidad, pregunta que a dónde quiero ir. Le digo: a toslaus, everywhere, a todo Tokio. Le digo que quiero una pasmo card para moverme estos dias, una tarjeta recargable. Ella sí me entiende. Doy paso al hombre de la estacion, al redondito, empático, contento por brindar soluciones y entender lo que quiero. Me dicen que esta compañía tiene otro tipo de tarjeta, también una green card recargable, que vale para toda la red de metro y que puedo devolverla en las estaciones de la linea azul que me marca con sus manos, tapando todo el plano de forma corporea, sonriente, con todos los gestos que le salen como un juego. Me dan un plano de metro que aunque está en japonés el señor alto, el mayor de todos, me lo brinda como eso, como un regalo. Me voy de allí con un buen rollo increíble, con más ganas de ver la ciudad, he pagado por ello, he conseguido mi recibo, he preguntado y todo.
La implicación de las respuestas de los tokiotas a cada pregunta que les he hecho estos días ha sido una experiencia de compromiso por el otro. No sé, es como cuando vas por la calle, se me ocurre que cruzando la carretera por un paso de cebra de centro de ciudad, y ves como a una pareja que se aproxima a ti, ellos van a la acera que acabas de abandonar, están rodeados de gente, como tú, tienen la cara de las parejas con hijos pequeños, desbordados, un poco ojerosos y es ahí cuando se les despista uno de sus niños, de esos que parece que van con cuerda, que aceleran de pronto sin nadie esperarlo demasiado, y empiezan a correr, en décimas de segundo, ante el agobio de los padres, que lo ves, ves la escena completa, te sientes Keanu Reeves... y es ahí cuando se te alarga de forma espontánea el brazo (o el inspector Gadget) y sin pensarlo, como los cálculos matemáticos sencillos, frenas a ese niño, invadiendo su espacio le tocas la cabeza para cambiar su rumbo en un momento...pides disculpas a unos padres que acaban de relajar su expresión para darte infinitas gracias y tú sólo piensas, pero qué coño ha pasado, de dónde sale ese poder... esa es la sensación del metro de Tokio.
*To go with Twins, with friends: ir con gemelos, con amigos



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