DÍA +2
El jetlag es un estado mental
Quería prepararme para ello, pensar que el día anteríor había trasnochado, imaginar un domingo postfiesta de aquellos que por última vez sucediera en 2019... y me convencí mientras volábamos cuando a la hora a la que tocaba anochecer en Tokyo, todas las ventanas de abordo fueron cambiando progresivamente de transparente a un filtro ultravioleta hasta llegar a ser azul marino oscuro casi transparente emulando un anochecer muy marciano de luna llena perenne inmensamente brillante a la izquierda de la cola del avión y la sensación de noche americana, que ayudó a que no luchara por creerlo. Lo quise creer.
El jetlag es un estado mental y ellos también lo saben. Hablando así parezco conspiranoica, ellos... los entes del poder pero es que cuando llegas desde tan lejos sabes y cualquiera sabe que puedes ser manejable, porque estás tan cansada que piensas que esperando por lo menos puedes parar un rato y que no tienes más recursos que mostrar tu malestar en una ventanilla reflejo de una sociedad que vengan los prejuicios a mí ahora, es muy servil pero también muy vertical, poco resolutiva de forma inmediata en esta época extricta y por lo tanto inflexible. Y aunque parar desespera, si estás sentado, también descansas.
Llegamos hace dos días a Tokyo Haneda con una bienvenida provista de un sin fin de papeleos en un aeropuerto que provisionalmente y entre los pasillos ha preparado un gran número de pequeños mostradores portátiles con mampara y carteles para la recepción y solicitud de los documentos con voluntarios por los pasillos para la indicación de sigue recto, sigue los carteles, no te salgas de las bandas delimitadoras, mochila en mano, otra mochila en hombro y papeles, móvil, acreditación-visado en otra, papel amarillo en otra, otra vez móvil en otra... me faltan manos, me sobran "otras" en las frases anteriores y no podría recordar los pasos que dimos, ni cuantas veces pudimos enseñar todos esos papeles. La burocracia es incómoda siempre, mucho y todo el tiempo en cualquier lugar del mundo. El colofón final es una muestra de saliva antes de pasar por la plastificación de la acreditación-visado antes del paso por inmigración y aduana y así poder salir del International Airport. Pues bien, es lo que pasa en los lugares rígidos. Son rígidos, eficaces si todos los pasos son exáctamente ejecutados, a cualquier sugerencia del sujeto que los padece y sin modo de poder avanzar. Pero estamos en pandemia y hace tiempo que nos dimos cuenta de que no hay nada que hacer si no esperar tic tac, tic tac... 2 horas y media y llega el resultado negativo de saliva de Juan, que como yo, está cansado... 11 horas de vuelo desde Frankfurt no son pocas.
Cuando las cosas salen como se espera entonces todo fluye pero si por error han perdido tu muestra de saliva entonces todo se descoordina y pasas a ser la excepción para el supuesto. Ah... vuestro vuelo llegó hace mucho pero son las 12:00 y hasta las 14:00 no hay uno para vosotros dos... voy a hacer unas llamadas y puede que en 20 minutos llegue otro que no va exactamente allí pero sí a la estación central cercana. No podéis moveros por el aeropuerto, estáis en confinamiento, debéis estar aquí o podríamos acompañaros al baño. Sabemos que tienen buena intención pero el cansancio a mí me cambia la cara, me cuesta tras la mascarilla mostrar unos ojos sonrientes ya, tengo sueño, vamos a estar de pie y no tengo esperanza de que lo que dice sea posible. Y así sucede, a las 13:30 aparece nuestro bus. Es el primer día que se pone el sistema de transporte privado en funcionamiento. No es fácil. Gracias a que Juan ahora toma las riendas y consigue un coche en el car pool de OBS que nos lleva al hotel. Nota mental: no preguntes si no crees que vayas a tener una respuesta correcta, sencilla. Quieren a toda costa ayudar y si no pueden buscarán a alguien y te darán una respuesta pese a no ser la correcta. Y si lo haces ten la determinación de decidir por ti mismo después.
Hotel. 15:30.
(fundido a negro)
Amiga maleta
La parte churrigueresca
La cena es posible gracias al restaurante del hotel o a la convenience market que es la tiendita asociada a la que poder ir a comprar. Hemos oído que quiza la prohiban también puesto que este mes entero Japón está en estado de emergencia. Todo para todos abierto, prohibida la venta de alcohol a partir de las 19h y a las 20h todos los establecimientos cerrados. En esta tienda asociada no hay más fruta fresca que bananas pero sí un montón de platos preparados que van desde ensaladas saludables y sabrosas a platos combinados de verduras y/o carne/pescado y fideos o arroz, todo tipo de ramen y sopas secas a las que añadir agua caliente con una kettle que hay en cada habitación, sandwiches, triángulos de arroz rellenos de atún, ternera o bacalao (los de atún con mayonesa están de muerte), zumos, chocolates y dulces, patatas de variedad infinita que evito a toda costa... sería tan fácil dejar ahí la ansiedad que esto provoca que opto casi siempre por la miso y las ensaladas, en el desayuno fruta y ensaladas y pescado. Hoy caerá un ramen de bote de polvos con pasta y seafood (palitos de surimi y finas lonchas de calamar seco, vamos, ñeh...)... aunque hoy sólo tenemos 15 minutos para ir a comprar previa firma en seguridad para poder corroborar el tiempo establecido, y que no se me olvide la muestra de saliva, hoy la dejamos en la recepción del hotel.
Necesitábamos un cajero y hemos preguntado allí mismo así que nos han sacado un plano y nos han mostrado el que creían era el más cercano según las indicaciones de una de las chicas de la recepción (creo que nos ha enviado a un sitio al que no nos está permitido ir), el técnico de seguridad, un hombre de avanzada edad vestido con camisa azul, escudo en la misma, pantalones oscuros, zapatos negros estilo italiano que parecían quedarle grandes y guantes blancos holgados de algodón con gorra típica de personal de seguridad, el cual al irnos ha venido corriendo para avisarnos de que la dirección que nos había dado no era la correcta... ha corrido de forma graciosa, como si fuera la primera vez que vistiera ese traje, un tarzán vestido para ser mostrado en sociedad, con el coro de risas de las chicas de recepción mientras el hombre lidiaba con los dedos de las manos abiertos evitando que se le cayeran los guantes y se le salieran los zapatos brillantes, parecía un Mickey Mouse, sonriente, un clown improvisado sabiendo que sus compañeras lo observaban correr patinando por el hall del hotel. Es el mismo que a la vuelta nos ha perdonado los cinco minutos que llevábamos de retraso diciéndonos que escribiéramos 13:05 en la hoja de control con gestos exagerados magnificados por los guantes.
Ya es por la tarde, ha llovido y tronado, desde aquí apenas puedo percibir el sonido y los destellos, los cambios de luz, desde la habitación de Tania se veían los rayos, las nubes entrando y la humedad cubriéndolo todo, granizo, aire acondicionado y la necesidad de sentir que estamos a salvo, que el confinamiento un día de lluvia te permite hacer team building, vamos, conocer mejor a tus compañeras de batalla, al equipo en el que estoy trabajando, disfrutar de caras nuevas venidas de Nueva Zelanda, tener la suerte de estar en un campamento de verano como este, hablar de la vida que no se aparca y conjugarlo con vivir esto. Vuelvo a acabar un poco ñoña, vuelvo a juzgarme un poco por hacerlo, es la vergüenza de lo que va a ser publicado, el blog Karras hace su trabajo y me permite sacar los demonios.
Arigato gozaimasu!




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